Un árbol para mañana.

Un árbol para mañana.
  Una mañana de final de febrero. Temblorosos con el traqueteo del camión, por el vasto camino de pedernal que accede a la finca, han llegado, flexando como juncos salvajes, doblegados por la pesada bruma matinal. Temerosos de abandonar el cómodo vivero y ansiosos por entender el caprichoso destino que les aguarda en la lóbrega falda de la sierra helada. Cuatro pinos piñoneros, esbeltos y altaneros vienen desafiando las quebradas palmas canariensis de heridos troncos. Con su frondosa copa turgente y cimbreante , ciñen soberbios quiebros de tango o flamenco , mientras aguardan apostadas en sus vulgares tiestos a la espera de la siembra que los hará definitivos, simples y casuales pero triunfales reyes. Luego el sudoroso cavar de los hombres para después presentar los negros mástiles que concederán la sólida estructura de su espalda. Férreas vergas que guardarán el secreto de su frágil belleza de hoy. Mañana , regalarán dulce frescor de corrientes y sombra, bajo el chasquido de escamas que quiebran la piel de sus fornidos troncos y el murmullo de miles de agujas movidas por el viento-. Ingenuos ante el ingente esfuerzo de criarlos, bebedores de riego y de avara lluvia, anfitriones de las múltiples y atronadoras fiestas, místicos y silenciosos bajo la escarchada luna, testigos de estas pobres líneas y de las mejores suertes que escribirán sus futuros vecinos de la delicada sombra. Árbol de mi vida, que serás de otros cobijo y aliento, te ruego que mañana, estos suspiros de mortal anhelo , no los aniquile el peso del implacable tiempo, a tí que seguirás aún ahí , cuando se pare el...

El febrero que vuelve a enero

El febrero que vuelve a enero
La mañana es  ventosa y me refugio a la espera de mis invitados entre los pilares leñosos de templo de esbeltos pinos que dominan la entrada del parking. Este  año ha empezado con un enero  cálido y seco en la ladera de Sierra Helada. Los almendros nos han dado flor un mes antes de lo previsto y la temprana primavera de siempre, se ha tornado ahora imprevista e inoportuna. Los macizos de margaritas celebran ya un principio de temporada estival que dista mucho todavía, pero con su previsión nos advierten que el tiempo vuela y que los preparativos deben comenzar pronto y  con energía, para que todo el programa anual de eventos rezume belleza y fiesta mediterránea pero funcione con precisión alemana. La pareja de novios ha llegado. Algo tímidos al principio, pero entusiastas y divertidos recorren el jardín de los senderos que se bifurcan y se enamoran de los rincones y perspectivas que encuentran. Me acribillan a preguntas como verdaderos expertos en protocolo y deduzco que por ellos preferirían una boda gitana para alargar así en varios días el exhaustivo programa de actos que quieren incluir en su boda. Sentados ya a la sombra del algarrobo, el viento ha parado. El cálido sol de mediodía ilumina el mar de naranjos y define imponente la silueta del Puig Campana. La sólida imagen de la roca  les reconforta y disipa sus dudas y miedos. Han comprendido que organizar su boda será como montar en bici. Para no caerte, basta con no mirar la rueda sino mirar siempre al frente. Lo que de verdad importa son ellos dos y lo que...